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Lo que vimos la mañana del pasado domingo merece un espacio en nuestro blog, es por eso que decidimos escribir este artículo.

Estuvimos paseando en la colonia Roma de la Ciudad de México, aprovechando que fue el Ecofest 2016.

Después de recorrer el parque Río de Janeiro y Álvaro Obregón quedamos un poco desilusionados pues consideramos que en números anteriores el festival había tenido una mejor selección de expositores. Claro que encontramos algunas propuestas e iniciativas interesantes, pero fue una decepción ver que los criterios de selección por parte de los organizadores se basan en una buena parte de los casos en el capital que las marcas tienen para invertir. Tal fue el caso de varias marcas de renombre que no tienen un producto realmente sustentable o ecológico que ofrecer, sino productos “pintaditos de verde” para promover el consumo. De igual manera se agradece el espacio para acercar a la gente a la conciencia verde que tanta falta hace.

En fin… Al terminar de visitar los stands nos animamos a seguir paseando por la colonia y al llegar a la esquina de Tonalá y Zacatecas nos encontramos con una bella sorpresa.

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Los vecinos decidieron poner manos a la obra, o mejor dicho manos a la tierra al apropiarse de las jardineras de su banqueta que estaban “pelonas”, cubiertas únicamente con triturado de corteza.

Una pareja se encontraba sembrando, podando y regando distintas especies de ornamentales. Embelleciendo su cachito de banqueta y generando más oxígeno en esta ciudad que tanto lo necesita.

Al preguntarles nos contaron que no tuvieron problema para hacerlo, sin embargo los gastos por la compra de las plantas tuvo que correr por su cuenta. “Si nosotros no lo hacemos, nadie más lo va a hacer por nosotros” me comentó animado el señor que detenía la manguera mientras regaba las recién trasplantadas lavandas.

Aplaudo la iniciativa que tuvieron estas personas que sin esperar a que el gobierno, su delegación o alguien más hiciera algo al respecto, están generando un pequeño gran cambio. ¡Imaginen lo que podría ser de esta ciudad si cada edificio se responsabilizara por cuidar de esta manera su cachito de tierra en vía pública! Sé que ellos no son los únicos y me alegra, pero la pasión con la que lo hacían y lo bello que está quedando su espacio me dejó con ganas de compartirlo con todos ustedes.

Ahora, el otro lado de la moneda. Al preguntarles por qué no le otorgaban un espacio de su tierra a hortalizas, aromáticas, o alguna especie comestible, me dieron un sinfín de razones. Unas más desalentadoras que otras. “Aquí nadie respeta, cada día recogemos una cantidad enorme de basura y colillas de cigarro. A los dueños de los perros no les importa que sus perros se hagan entre nuestras plantas. Hemos visto en más de una ocasión gente vomitando en nuestra jardinera. Desafortunadamente se roban mucho nuestras plantas, las jalan para llevárselas”.

La barda hecha a base de palos y mecate no ha sido suficiente para evitar estos actos lamentables que desalientan a las personas con esta gran iniciativa de la posibilidad de tener un huerto. Imaginen la gran cantidad de alimento que podría producirse en este espacio, cuidado con tanta dedicación y amor.

Por: Ilana Bielak.