En todas las culturas ha existido siempre un culto a la lluvia, un deseo ferviente por que esta llegue y alimente la tierra. El agua necesaria para que los frutos crezcan y los hombres tengan qué comer.

Aquí en México y en el resto de Mesoamérica se han nombrado de distintas maneras a los dioses que son la lluvia. En la cosmovisión nahuatl el ser de la lluvia es Tlaloc cuya voz deriva de tlālli, que significa ‘tierra’ y octli, que significa ‘néctar’ o ‘pulque‘. En realidad la traducción literal sería ‘néctar de la tierra’, y se refiere al momento en que la lluvia penetra la tierra y forma parte de ella. Éste es el dios de las aguas que llegan del cielo.

Tlaloc nos ha hecho los honores en los últimos días y así es que hemos gozado de intensas lluvias que refrescan y fertilizan las tierras. Por suerte, además de causar tráficos desquiciados y encharcamientos en el asfalto urbano, la lluvia también humedece los pequeños o grandes huertos de la ciudad.

Disfrutar de la lluvia significa también saber que por lo menos por un par de días no habrá que regar y aún así, las plantas de huerto seguirán verdes y los frutos engordando. Sin embargo, conviene tomar algunas precauciones para que el exceso de agua no se convierta en un daño potencial.

Asegúrate de que tus contenedores tengan un drenaje adecuado, ya que los encharcamientos propician que las raíces se pudran y que se formen hongos que pueden enfermar a tus plantas.

Además y aunque suene obvio, espacia más el tiempo entre riegos. Revisa diario la humedad del sustrato para decidir si conviene agregar más agua ese día.

Si tienes manera de cubrir tu huerto con algún tipo de malla – sombra es un buen momento para hacerlo. Puede darse el caso de que algún aguacero venga acompañado por una fuerte granizada que en unos cuantos minutos acabe con tus frondosas plantas.

Por último, no olvides disfrutar del olor a tierra mojada que Tlaloc trae consigo en esta temporada de lluvias.